De Boyacá a Oro Verde: la experiencia de intercambio de Angie Siachoque en la FIUNER

Llegó en marzo desde Boyacá y se queda hasta los primeros días de julio. En esta charla, repasa el impacto de cursar en nuestra Facultad, su experiencia en investigación con microscopía láser y cómo el folklore y el mate la integraron a la comunidad de Oro Verde.

Cada año, los pasillos de la Facultad de Ingeniería de la UNER (FIUNER) se transforman en un punto de encuentro de tonadas, culturas y realidades diversas. Desde marzo de este año, esa diversidad sumó la voz de Angie Siachoque, una estudiante de Bioingeniería que viajó desde Nobsa, un pueblo del departamento de Boyacá, Colombia.

Angie cursa el segundo año de la carrera en la Universidad Santo Tomás (sede Tunja). Motivada por la curiosidad cultural y el prestigio académico, eligió la FIUNER para su intercambio, donde permanecerá hasta el próximo 3 de julio. En una charla distendida, nos compartió sus impresiones sobre las diferencias académicas, su paso por los laboratorios de investigación y cómo se adaptó a las costumbres entrerrianas.

El prestigio de ser pioneros

Para Angie, la elección de Argentina y, específicamente, de la UNER no fue casual. «Argentina siempre me llamó mucho la atención por cuestiones culturales y por su arquitectura. Cuando vi que mi universidad tenía convenio con la FIUNER, no lo dudé», relata. El factor determinante fue la historia de nuestra casa de estudios: «Me llamó muchísimo la atención que esta fue la primera universidad en Latinoamérica en ofrecer el programa de Bioingeniería. Me pareció una oportunidad excelente para profundizar y aprender más».

Desde su llegada, la recepción superó sus expectativas. «Fue muy cálida. Todos han sido muy amables conmigo: docentes, estudiantes, administrativos me recibieron muy bien», destaca con gratitud.

Tradición, mates y el folklore del Litoral

La inserción en la comunidad de Oro Verde fue inmediata, en gran parte gracias a la hospitalidad de sus compañeros y del Centro de Estudiantes, quienes la invitaron a recorrer la zona. Al hablar de las costumbres locales, Angie se confiesa sorprendida por la intensidad con la que se vive la cultura.

«Me gusta mucho que son muy patriotas y orgullosos de sus tradiciones. Ya probé el locro, el choripán y el asado. En Colombia tenemos muchas sopas, así que con el locro me sentí a gusto, ¡estuvo muy bueno!», cuenta entre risas.

Sin embargo, el gran protagonista de su día a día es el mate: «No pensaba que fuera algo tan marcado en la cultura, sobre todo aquí en Entre Ríos. Me parece hermoso porque es la excusa perfecta para estar con amigos, salir un rato o estudiar. Además es muy versátil, le podés poner de todo».

Esa misma versatilidad la llevó a cruzar el campus universitario de la mano del arte. Actualmente asiste al taller de folklore en la Facultad de Ciencias Agropecuarias: «¡Ya sé bailar folklore argentino! Es una experiencia bellísima conectar con la parte musical y artística del Litoral». Asimismo, destaca el entorno natural de Oro Verde: «Caminar y estar rodeada de árboles y animales es algo muy lindo».

El contraste académico y el trabajo en laboratorios

Al comparar las propuestas educativas de ambas instituciones, Angie señala que en la FIUNER el enfoque está fuertemente consolidado hacia la ingeniería biomédica y los dispositivos médicos, mientras que en su universidad de origen la mirada es más global, abarcando sostenibilidad, medioambiente y agricultura.

También experimentó el cambio en los ritmos y sistemas de evaluación: «Aquí las estructuras son distintas; existen las materias anuales y los exámenes finales se rinden luego de un receso, antes de arrancar el otro semestre y los estudiantes pueden promocionar las materias o quedar como regulares hasta que la aprueban. Allá te evalúan al final del ciclo y, si no te alcanza la nota, debés recursar si o si».

Actualmente, Angie cursa asignaturas de cuarto y sexto año (Mecánica del Sólido, Gestión de la Calidad y Electrónica Digital) del los Planes 2008 y 2025. Aunque se trata de un desafío, destaca el respaldo de las cátedras: «Los profes están muy pendientes de si entendí o si necesito una tutoría. Incluso una profesora, al ver que me estaba costando acostumbrarme al frío de acá, me llevó cobijas. Ese nivel de compañerismo y cuidado se siente muy bien».

Investigación de vanguardia

Una de las experiencias más gratificantes de su intercambio ocurrió fuera del aula. Motivada por su gusto por el trabajo de laboratorio, se acercó al Dr. Javier Adur, secretario de Investigación, quien la vinculó con David Montenegro, un veterinario colombiano que se encuentra realizando la Maestría en Ingeniería Biomédica en la FIUNER.

Angie colaboró activamente en el proyecto de tesis de Montenegro, enfocado en el estudio del ojo seco mediante microscopía laser confocal. «El objetivo del proyecto es trabajar con ratones vivos, a diferencia de los métodos tradicionales ex vivo, para poder hacer un seguimiento de la enfermedad en el tiempo sin que el animal sufra ni muera. Aprendí muchísimo», explica entusiasmada.

La experiencia le permitió valorar la infraestructura de nuestra facultad:

«El equipamiento que tienen es increíble. Tengo entendido que hay muy pocos microscopios ópticos de ese tipo en Argentina y uno está acá. También es destacable el aval ético y el bioterio para el manejo de ratones o peces cebra. Son oportunidades hermosas para aprovechar, porque en mi universidad la carrera todavía está en crecimiento».

Un puente de ida y vuelta

Hacia el futuro, Angie proyecta su perfil profesional hacia la industria farmacéutica y la biotecnología, buscando conjugar el sector productivo con la investigación. El intercambio, asegura, le brinda una «mejora bidireccional»: «Allá me preguntan constantemente cómo se hacen las cosas acá, y acá me preguntan cómo es allá. Es muy enriquecedor compartir las dos visiones de una misma carrera».

Al pedirle un balance y un consejo para aquellos estudiantes que evalúan la posibilidad de realizar una movilidad internacional, Angie es categórica:

«Les diría que se animen, que lo hagan. Dudas y miedos vamos a tener siempre. A mí me gusta pensar que el miedo es la clave que te dice que tenés que hacer algo, porque significa que vas a salir de tu zona de confort y vas a crecer a nivel personal. En Oro Verde mi experiencia ha sido demasiado linda. Hay mucho aprendizaje y recuerdos hermosos para llevarse a casa».

Antes de armar las valijas para regresar a Boyacá —y con la promesa pendiente de conocer Santa Fe, Diamante y Mendoza—, Angie concluye con un mensaje simple pero profundo: «Estoy muy agradecida por la oportunidad que me brindó la Universidad Santo Tomás y por este recibimiento tan bonito de la UNER».

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